Educación Superior Internacional

Conflicto en Gaza arrasa con la educación superior palestina

El bombardeo israelí contra la Universidad Islámica de Gaza suma tres muertos más a un conflicto que ha causado 1.500 fallecimientos desde octubre de 2025.

Redacción Educación Superior en Chile|Educación Superior Internacional|

El ataque israelí contra la Universidad Islámica de Gaza, que dejó tres personas muertas, no es un hecho aislado: forma parte de un patrón sistemático de destrucción de infraestructura educativa que acumula más de 1.500 fallecimientos palestinos desde el alto el fuego de octubre de 2025. La educación superior, institución que las sociedades construyen durante décadas, se convierte así en objetivo de guerra con consecuencias generacionales.

Una universidad bajo las bombas: el ataque a la educación como táctica de conflicto

La Universidad Islámica de Gaza es una de las instituciones de educación superior más antiguas del territorio palestino, fundada en 1978 y con una matrícula histórica de decenas de miles de estudiantes. El bombardeo israelí que la impactó recientemente no solo cobró tres vidas: destruyó aulas, laboratorios y archivos académicos que no se reconstruyen con un alto el fuego. Desde octubre de 2025, cuando se pactó una tregua que debía proteger a la población civil, el recuento de muertos palestinos superó los 1.500, según los titulares del día. Organismos internacionales como la UNESCO han documentado en conflictos anteriores que los ataques a universidades constituyen una forma de violencia epistémica: se elimina la capacidad de una sociedad de producir conocimiento, formar profesionales y reconstruirse.

El costo educativo del conflicto: lo que los números revelan

Más allá del drama humano inmediato, la destrucción sistemática de campus universitarios tiene efectos medibles sobre el capital humano de una población. Cada institución destruida representa cohortes de estudiantes sin titulación, académicos desplazados y programas de investigación cancelados. La comunidad internacional de educación superior ha tardado en reaccionar con contundencia.

  • Más de 1.500 fallecimientos palestinos registrados desde el alto el fuego de octubre de 2025, según fuentes citadas en medios chilenos.
  • Tres muertos directos en el ataque específico contra la Universidad Islámica de Gaza.
  • Destrucción de infraestructura crítica: laboratorios, bibliotecas y registros académicos que afectan la continuidad de estudios de miles de matriculados.
  • Desplazamiento académico masivo: docentes e investigadores forzados a abandonar sus funciones, fragmentando comunidades científicas.
  • Interrupción del ciclo formativo: estudiantes sin posibilidad de completar sus carreras ni acceder a certificaciones internacionalmente reconocidas.

Chile y el debate sobre la solidaridad universitaria internacional

El caso palestino no es ajeno al debate chileno. Varias universidades del Consejo de Rectores (CRUCH) han firmado declaraciones de condena a los ataques contra recintos educativos en zonas de conflicto, aunque sin consecuencias concretas en términos de política institucional. El MINEDUC y la CNA no tienen atribuciones directas sobre cooperación internacional en contextos bélicos, pero las casas de estudio sí pueden activar mecanismos como la acogida de académicos en riesgo, un programa que instituciones europeas y latinoamericanas han implementado con mayor decisión. La pregunta que surge en los pasillos de los rectorados chilenos es cuánto de la autonomía universitaria se traduce en posicionamiento ético ante la destrucción deliberada de pares internacionales. Por ahora, el silencio institucional predomina.

Lo que viene

En las próximas semanas, la presión sobre organismos como la Asociación Internacional de Universidades (IAU) y la Red Universitaria Mundial (GUN) se intensificará para que adopten protocolos vinculantes que clasifiquen los ataques a instituciones educativas como crímenes de guerra documentables. Para Chile, la coyuntura abre una ventana concreta: el CRUCH tiene programada su agenda de internacionalización para el segundo semestre de 2025, y varios rectores ya han sido consultados informalmente sobre si incluirán la situación palestina en sus prioridades de cooperación. La respuesta que den definirá si la solidaridad universitaria chilena es retórica o tiene consecuencias operativas reales.